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Cesar Fuentes
es un tipo que ha pasado muy de largo los cuarenta años pero
sigue con la misma ilusión que cuando empezó en su Argentina
natal siendo un quinceañero en esto de la música. Sin
embargo, él no eligió estar sobre un escenario "bañado por
sudor y luz" con la guitarra en las manos. En lugar de eso
utilizó papel y bolígrafo, y con ellos supo trasmitir sus
sentimientos en unas primeras colaboraciones que el tiempo,
la constancia y la voluntad convirtió en revistas. Cesar ha
tenido la amabilidad de responder a nuestras preguntas y
contarnos como trabajó para conseguir que su nombre forme
parte del mundillo del periodismo musical. Si Joan Singla,
Chris Welch, Mariskal Romero o Mick Wall os dicen algo,
podéis añadir junto a ellos a Cesar Fuentes. |
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UNA ENTREVISTA DE
MIGUEL.ASTURIAS
Comenzaste tu carrera como periodista musical en
Riff Raff. ¿Cuánto tiempo hace ya de eso? |
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A principios de los muy lejanos ochentas.
Previamente había hecho algunas columnitas de música en un fanzine de la
Facultad, pero Riff Raff fue el primer lugar en donde publiqué
asiduamente.-
Creo
que podemos entonces hablar de una especie de pionero. ¿No es así? ¿Qué
otras publicaciones recuerdas de tu país que resultasen de interés para
un amante del hard rock en los ochenta?
En realidad la única publicación que había entonces era
la revista Metal, pero se limitaba a copiar las revistas extranjeras y a
seguir la moda. De algún modo Riff Raff se convirtió en una suerte de
respuesta a esa actitud, con periodistas más responsables y una visión
diferente que le daba cabida a todo lo revolucionario que estaba
surgiendo entonces, incluido el thrash y el power metal.
- De
aquellas entrevistas o reportajes que te vieron empezar ¿Cuáles de ellos
(y porqué) recuerdas con especial cariño?
Básicamente mi principal estímulo para estar en los
medios siempre fue el conocer a los artistas que me habían deslumbrado
desde adolescente. Me viene ahora a la cabeza la primera entrevista que
hice con Ian Gillan. Me acuerdo que nos metimos en el hotel y no
teníamos nada asignado. Con toda ingenuidad lo abordamos y le
preguntamos si nos daría una nota. Nos dijo que estaba saliendo para una
entrevista en televisión pero que lo esperásemos, porque a la vuelta nos
la daría. El hombre cumplió su palabra, y hasta nos invitó a cenar. En
ese momento hubiera llorado de felicidad, pero preferí hacerme el
profesional y no dejar que se me notara. Realmente son decenas de notas
las que podría recordar y en cada una habría una anécdota entrañable
para citar; si todo lo demás no hubiese servido de nada, esto sería
suficiente para justificar todo
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Y ¿qué nos puedes decir de
los fanzines? ¿Había algún movimiento en ese sentido en la
escena hard rock de tu país, o la pasividad y comodidad era la
actitud dominante, como ocurría aquí?
Había algún fanzine, pero estaban más interesados
en la política o en dividir la escena que en hablar sobre
música.
- Llega 1989 y das el gran paso. ¿Qué te llevó a
dar vida a Madhouse? ¿Había una escena tan buena en tu país
como para hacer algo así?
En Argentina siempre hubo un interés por el
metal, con épocas malas y buenas, pero llevar adelante proyectos
nunca fue fácil. Luego de Riff Raff estuve un tiempo involucrado
en tiendas de discos. Por la experiencia reciente ya entonces
sabía que montar una revista era una empresa bastante ingrata,
porque incluso como redactor tuve mis terribles dolores de
cabeza y estaba al tanto de que montar una cosa así no era
broma. Pero en el ‘88 viajé a Castle Donnington, en Inglaterra,
y vi el show de mi vida… Megadeth, Helloween con Kiske, Guns N
Roses antes de convertirse en fenómeno mundial, y sobre todo
Iron Maiden en aquel super-escenario con el mundo helado de
“Seventh Son Of A Seventh Son”. Cuando volví me puse a escribir
la crónica para enviársela a los amigos de la revista Rock
Brigade en Brasil, la terminé y me sentí muy orgulloso del
resultado; aunque entonces tomé conciencia de que en la
Argentina no había una revista decente como para publicar una
cosa así. Así que convoqué a la gente que conocía de la Riff
Raff, con la que siempre hablábamos de hacer algo, y tomé la
decisión por pura calentura. El comienzo fue un desastre. Nos
agarró la hiperinflación de 1989 y el dinero de los primeros
tres números se perdió por completo, incluso después yo seguí
soportando las pérdidas durante mucho tiempo.
- ¿Qué gustos dominaban en la redacción de
aquella revista? ¿Fue una publicación cambiante según las
tendencias al uso o llevó una línea más o menos similar durante
toda su existencia?
Desde mi punto de vista, tengo que hablar de tres
etapas. La primera fue hasta el número 75, en el que me despedí
de los lectores. En la segunda me desentendí del contenido, y la
última fue en el 2001, cuando retomé la dirección editorial.
Madhouse empezó como una revista de amigos, donde todos los que
participaban tenían voz y voto por igual. No había intención de
encasillarse en un estilo. La idea era cubrir todo el espectro
de la música pesada, y eso incluía algo de punk y de progresivo,
lo mismo que las nuevas tendencias que fueran surgiendo, aunque
teniendo siempre al Metal como base.
- La diferencia fundamental entre Madhouse y las
publicaciones argentinas anteriores era que tu revista estaba
formada por artículos y entrevistas propias, al contrario de las
otras que mayoritariamente reproducían trabajos de otras
publicaciones extranjeras. ¿Qué necesitaste para poder
desarrollar ese trabajo? ¿Como conseguiste los contactos
necesarios?
La verdad es que yo no veía motivos para seguir
copiando artículos de revistas extranjeras cuando se podían
hacer en casa y con un nivel que no tenía nada que envidiar. En
ese sentido, como periodista, siempre me tuve una confianza
enorme. Al principio algunos me decían que estaba loco pero
luego, de a poco, se dieron cuenta de que ése era el único
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camino posible, entrevistar a las bandas directamente y unir los
testimonios a las conclusiones. Hoy quizás parece una tontería, pero
en aquel momento nadie se animaba a hacerlo. Empezamos de una manera
desprolija, sacando direcciones y contactos de managers de las
revistas inglesas y norteamericanas y poniéndonos en contacto con
corresponsales extranjeros que no eran más que fans improvisados.
Gastamos un montón de plata en correo y llamadas internacionales y
nos llevaba un tiempo enorme desgrabar las entrevistas mientras los
demás seguían |
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copiando sin esfuerzo, pero al final creo que
valió la pena en el sentido de que fuimos una buena influencia,
todo fanzine o revista que se hizo después tuvo que intentar
ponerse a nuestra altura para continuar funcionando.
- He podido ver algunos artículos de aquella
publicación y me parecieron extraordinarios ¿Has pensado en
recuperarlos alguna vez aprovechando una herramienta como
internet?
Sí, aunque hasta ahora no se
dio. Espero que con la página web de Requiem (www.requiemweb.com.ar)
podamos poner a disposición de la gente muchos de aquellos
artículos a la brevedad. Creo que lo revolucionario de Madhouse
fue la actitud crítica. Al menos mientras estuve yo al frente de
la redacción, nunca fue una publicación complaciente. La mayoría
de fanzines que tan |
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prontos estaban a atacar al
“establishment” les sobaban el lomo a las bandas nacionales por
ser nacionales y las bandas under por ser del under con una
hipocresía vergonzosa; nunca se jugaban a dar su verdadera
opinión, todo les parecía buenísimo, no se animaban a hacer la
menor objeción y vivían en una demagogia permanente. En Madhouse
lo que importaba era la música, nuestro respeto era antes que
nada para los lectores. También había un método crítico, un
método de análisis del material que yo me molesté en describir
en los sucesivos editoriales. En cierto modo, estaba basado en
las nociones de crítica literaria que yo había estudiado.
Supongo que esos editoriales habrá que ponerlos en internet en
algún momento, de vez en cuando me preguntan por ellos.
- Algún tiempo después, Madhouse sufre ciertas
transformaciones que te llevan a abandonar el asunto. ¿Te
importaría hablar sobre eso? Los cambios editoriales en una
revista ¿son fruto de los gustos de los redactores, de la moda o
simplemente de alguien “de arriba” que llega y dice sobre qué o
quién se debe escribir?
Como te dije, en Madhouse se les daba toda la
libertad de opinión a los redactores sobre lo que debía aparecer
en sus páginas. Pero los tiempos fueron cambiando, en la revista
surgieron muchas caras nuevas, y en algún punto me
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encontré con que el material que a mí más me
gustaba estaba siendo relegado y que yo no me identificaba
con nadie de ahí adentro. Un día traje una nota de Savatage, y en cuanto dije que quería dos páginas me
armaron un escándalo terrible. Fue la gota que desbordó el vaso.
Entonces tenía dos opciones: echar a todo el mundo y cambiar de
raíz la orientación de la revista, o dejar que continuara y
dedicarme yo a otro proyecto. Preferí esta segunda opción. Al
fin y al cabo, había costado muchísimo hacer conocer la revista
en el mercado, y era una pena que se acabara. Quizás fue una
decisión errada. Quise enmendarla retomando la revista en el
2001, pero como ocurre a menudo en la Argentina, el país
traiciona a los que invierten en él, y el famoso Corralito acabó
con todos los sueños.
-
Es entonces cuando nace Epopeya ¿no es así? ¿En que año
ocurrió eso?
Me distancié de Madhouse en el ’97. La idea
era dejar de lado lo que me gustaba para concentrarme en lo
que más me gustaba.
- ¿Qué diferencias básicas había entre ambas
revistas desde el punto de vista de quien las publica?
Bastantes. Además de concentrarnos en los
estilos más representativos del Metal, hice pasar todas las
decisiones por mí en lugar del
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lío en que terminó convirtiéndose Madhouse. Lo bueno de Epopeya fue que el
sello Nems
se comprometió a soportar el grueso de los
gastos de la publicación de la revista si a cambio se le
aseguraba una cantidad mínima de publicidades por edición,
de esa manera Epopeya se convirtió en una revista todavía
más íntegra que Madhouse, porque prácticamente no teníamos
que preocuparnos por la cuestión económica. Cuando acordamos
hacer la revista, el trato fue que Nems aportaba medios y la
editorial se encargaba del contenido sin admitir ningún tipo
de intromisión, y así fue desde el primer número al último.
Hacerlo así nos permitió sacar una revista de una calidad
gráfica muy difícil de igualar, y la libertad de poner en la
portada a quien se nos ocurriesesin tener que vivir
pendientes de las ventas. Por supuesto, no faltó quien nos
acusara de favoritismos con el
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sello, pero eso es sólo porque hablar es
gratis y si en Argentina hay algo que siempre sobró son las
malas lenguas.
- La mayor parte de las portadas de Epopeya
estuvieron ilustradas con fotografías de bandas clásicas a
más no poder… Dio, Y.Malmsteen, Iron Maiden,… el sueño de
cualquier amante del metal en los 80… ¿Fue una buena
decisión volver a ir a contracorriente o pudo la revista
beneficiarse del breve revival que hubo en aquella época?
¡La idea era ir a contracorriente! Al final
sucedió que el Metal clásico, melódico, o progresivo no
estaba tan olvidado como muchos creían… |
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-No puedo resistirme a preguntarte ¿Hubo en algún
momento de tu carrera periodística, algún músico
especialmente duro de tratar en una entrevista? ¿Y cual
recuerdas como más amable y atento con el periodista?
Si te tengo que ser sincero, mi entrevista más difícil
fue para la televisión con Jimmy Page y Robert Plant.
Plant no sólo era mi héroe de la adolescencia y yo
sentía todo el peso de la emoción y el compromiso, sino
que además estaba de un humor turbio porque en aquel
momento todo el mundo insistía en preguntarles sobre Led
Zeppelin y no sobre el proyecto Page/Plant. Así que me
puse en la cabeza sacar adelante el reportaje a como
diera lugar e hice preguntas de lo más específicas sobre
todo lo que no fuera Zeppelin. Pregunté por los discos
solistas más raros, oscuros y desatendidos por los fans,
hablé de influencias desconocidas que habían citado
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en tal o cual reportaje, inquirí acerca
de anécdotas casi olvidadas… Al final, quedó un
reportaje formidable y hasta Plant me regaló un par de
confidencias imposibles.
- En fin, las revistas siguen siendo uno
de los pilares en tu carrera ya que a día de hoy
continuas en la brecha editando Réquiem. Háblanos sobre
ella por favor. ¿Tiene el mismo planteamiento que lo que
has venido haciendo hasta ahora a nivel de lo
estrictamente musical?
Requiem es una revista que la gente de
Epopeya se empeñó en montar luego de que ésta
desapareciera. Yo estaba en España mientras Roxana
Palacio, Javier Izurieta, Claudio Guarido, Gabriel Herz
y los demás la pusieron en funcionamiento, y era muy
poco lo que yo podía ayudarlos desde allá. El gran
mérito es de ellos. Cuando volví a Buenos |
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Aires este año me dijeron si no quería
hacerme cargo. Y aquí estoy, encantado. De algún modo es
una revista muy nueva, con menos recursos, llevando
adelante el legado anterior tan dignamente como pudiera
esperarse.
- ¿Qué diferencias encuentras con los
viejos tiempos visto desde el sillón de un redactor y
editor? ¿es más fácil o más difícl?
Internet hace que todo sea más fácil y
difícil. En otros tiempos yo me mataba buscando
contactos e información, revisando las fuentes y
llenando lagunas. Hasta los discos eran difíciles de
encontrar. Ahora todo está en la punta de los dedos. Uno
aprieta un botón y sale en pantalla la ficha, el
curriculum y la discografía de cualquier banda, por
oscura o pequeña que sea. También, ahora mismo, internet
es el principal competidor. Muchas veces la información
queda atrasada en el momento mismo en que la revista se
está imprimiendo. Con todo, la prensa gráfica sigue
siendo una experiencia única. Tengo la convicción de que
el que compra revistas siempre adquiere una visión más
completa de la temperatura de la escena que el que
picotea en internet.
- ¿No crees que muchos artistas se han
vuelto más accesibles a la gente que quiera charlar con
ellos o entrevistarles con el paso de los años? ¿A que
crees que se debe?
Se debe ante todo a que el número de
bandas se ha centuplicado y no es fácil figurar, de modo
que hasta las bandas grandes necesitan de toda la prensa
que puedan hacer. Necesitan de algún modo la atención de
la prensa. Pero una de las cosas que me quedan claras es
que la fama es puro cuento. Al menos en lo que a rock
del bueno y metal se refiere, las mayoría de las grandes
estrellas son tremendamente accesibles, gente común que
no tiene delirios de grandeza ni pone barreras con la
gente. Entre los tipos más llevaderos y con buena onda
que conocí en reportajes y similares, anotá a Ronnie
Dio, Brian Johnson, Glenn Hughes, Ian Anderson, Rick
Wakeman, André Matos, Steve Harris, Michael Weikath,
Peavey Wagner, Joey Ramone, Hansi Kursch, Roger Glover,
Blaze Bayley… y esto es sólo el encabezado; la lista es
interminable. |
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-Bien y ¿Qué me dices de la radio?
¿Cuándo empezaste a ser parte de las ondas y en que
programas?
Había hecho algunas cositas en radios
zonales en un tiempo en que no había nada, pero
entonces surgió en Rock & Pop, la única radio de
rock de aquel momento, un espacio nocturno llamado
La Heavy, con el Ruso Verea y Alejandro Nagy. Un día
caí por ahí con algunas novedades e información, la
onda era tan buena que continué apareciendo hasta
que llegué a formar parte del equipo. Fueron tiempos
deliciosos. El Ruso era un conductor fenomenal, Nagy
un acólito de lujo y el resto de los chicos hacía
maravillas. Justo coincidió con la ola de visitas de
bandas internacionales que venían por primera vez al
país. Cada noche era una fiesta, y hay anécdotas
como para tirar para arriba. Para colmo, era un
programa que escuchaba todo el mundo, una especie de
cita obligatoria, los teléfonos ardían y la gente se
quedaba despierta para participar. Pasábamos la
música que no pasaba nadie, tocábamos temas
políticos, sociales o humanos que ponían los pelos
de punta, y había tanta libertad que yo hasta tuve
mi propia columna de historia y mitología por la que
me siguen preguntando hasta hoy. Luego vinieron
programas . |
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que conduje en otras radios, como Ave
César, que tuvo varios ciclos y hasta premios por la
artística. Y también televisión con el Power 30. Es
increíble la cantidad de cosas que se pueden hacer,
aunque lamentablemente las apuestas económicas siempre
son para aquello que no requiere imaginación o para
músicas descartables |
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- ¿Qué diferencias ves entre cómo se
vivía la radio antes y como se vive ahora con las nuevas
tecnologías? (me refiero obviamente al tema internet y
demás…)
No hay punto de comparación. El nivel de
participación nunca será el mismo, y tampoco la
sensación de inmediatez que tiene la radio de aire. Lo
positivo de la radio por internet es que uno no depende
de terceros para montársela, pero creo yo que la
experiencia resulta completamente distinta y es mucho lo
que se pierde en el cambio.
- ¿Crees que el peso y la influencia que
tenían los locutores de radio en décadas pasadas como
fueron El Pirata o Mariskal Romero en España, es el
mismo que pueden tener ahora?
No, claro está que no, por la razón que
mencionaba arriba. Pero pienso que la radio por internet
le da a estos próceres la confirmación de la fama bien
ganada, porque siguen haciendo radio con la misma garra
y talento, que hoy por hoy es lo que más se extraña en
cualquier tipo de radio. Yo estuve grabando un programa
para la radio del Mariskal durante meses desde Barcelona
y la verdad que fue un gustazo estar dentro de esa
programación.
- No contento con esto también has
publicado dos libros dedicados a la música. El primero
de ellos es ni más ni menos que la biografía de Iron
Maiden. Por favor, me gustaría hablar un poco sobre ese
trabajo, lo primero que se me ocurre…¿por qué Iron
Maiden?
Sencillamente porque es una de mis bandas
favoritas y tenía todo como para hacerlo. Maiden es una
de las bandas emblemáticas del Metal y una de las varias
razones por las que uno está en esto. Digamos que para
mí, como elección, era obvia. |
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- ¿Cómo has centrado el contenido del
libro? ¿Es una biografía pura y dura o más bien un
análisis sobre lo que ha dado de sí la carrera de
ese grupo?
Es ambas cosas, realmente. Por un
lado se trata de una biografía año por año, pero en
clave de análisis con respecto a lo que significó la
trayectoria del grupo, su relación con el entorno
metalero y la realidad de la escena rockera en
general. Tiene declaraciones exclusivas de los
músicos, datos desconocidos y ante todo la visión
crítica e interesada de alguien que siguió la banda
durante años. Es una biografía no oficial, y eso
quiere decir que es una visión no atada a ningún
formalismo ni condicionamiento. De algunas
biografías se ha dicho que son demasiado frías o
distantes; no creo que nadie pueda decir lo mismo de
“El Viaje De La Doncella”.
- El libro había sido publicado en
Argentina por Editora AC y luego en España por
Quarentena ¿no es así? ¿Fue durante los años que
viviste en España que decidiste publicarlo en
nuestro país?
En realidad lo que se publicó por
Editora AC era una especie de embrión que llevaba el
título de “Los Años De La Bestia”, y que contaba la
historia hasta antes |
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de la partida de Dickinson. Para
confeccionar “El Viaje De La Doncella”, tomé algunas
partes de aquél y las reescribí, amplié y completé. El
resultado es un libro totalmente distinto, de ahí que el
nombre no sea el mismo. Cierto que la ocasión se dio con
mi estadía en España. Pere de Quarentena me comentó que
estaba buscando material para editar y entonces le
sugerí “El Viaje De La Doncella”. |
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- Recientemente
ha salido tu nuevo libro “Mundo Gótico”, ¿que motivo
lleva a un amante del rock duro a sumergirse tan
profundamente en ese mundo?.¿No crees que el gótico
ha estado históricamente más vinculado al pop-rock
undergound? (me refiero a algunas bandas de la new
wave, y grupos “siniestros” que, al menos en los 80
estaban en las antípodas del rock duro)
El motivo por el
cual escribí “Mundo Gótico” tiene muy poco que ver
con la música. De hecho, al principio yo iba a
ocuparme sólo de los otros aspectos, cine,
literatura, BDSM y los aspectos del Gótico como
subcultura, y la parte musical la iba a tomar
Exequiel Núñez, un amigo y especialista que colaboró
conmigo. Yo no quería encargarme de la parte musical
porque es donde más lagunas y discrepancias tengo en
materia de gustos. Digamos que lo gótico en materia
musical no me interesa gran cosa. Al final ese
capítulo terminamos escribiéndolo entre los dos,
pero mi fascinación con lo gótico venía por los
otros temas.
- En cualquier caso, sí parece cierto
que, como tú cuentas en el libro, entre principios y
mediados de los noventa aparecen las primeras y
tímidas mezclas de metal y rock gótico. Paradise
Lost, My Dying Bride, y me atrevería a incluir a
Teathre of Tragedy o Moonspell entre muchos otros.
¿En que momento estas bandas desconocidas y
underground dejan paso a grupos multi-ventas como
los que ahora copan el mercado como Him o
Evanescence? ¿Cuando, y sobre todo porqué cree Cesar
Fuentes que ocurre toda esta transformación? |
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Yo creo que el Metal fue bastante ajeno a
la esfera gótica hasta que ciertos grupos como Paradise
Lost empezaron a colar elementos en su música. De hecho,
los supuestos “góticos viejos” que andan por ahí tienden
a rechazar la idea de que el llamado Metal Gótico tenga
que ver con el rock gótico original. Y ciertamente
tienen poco que ver. Pero lo que sí es innegable es que
la irrupción del Metal en la escena gótica es lo que la
ha salvado de la extinción segura y la ha convertido en
un relativo éxito entre los más jóvenes.
- ¿Es el metal gótico una moda efímera o
tiene un brillante futuro por delante? En cualquier caso
¿Pasa ese futuro por una transformación o las bandas
deben continuar la línea que llevan para poder seguir
adelante?
Lo gótico es ante todo una postura
estética, y quizás más flexible que cualquiera de las
que hayamos visto hasta ahora en el rock. Prácticamente
cualquier estilo se vuelve permeable a la influencia
gótica. Mi corazonada es que el Metal Gótico sobrevivirá
con más eficacia mientras se mantenga como sub-estilo
del Metal. Y eso es porque el Metal cuenta con el
público más leal del espectro, una audiencia capaz de
mantener la llama viva sin resentir de manera crucial
los cambios. Es decir, creo que el mérito de la
supervivencia le corresponderá a lo que de metalero
tenga el Metal Gótico de ahora en más.
- Suele asociarse el gótico al dolor y a
la oscuridad. ¿Hay alguna tendencia dentro de ese
estilo que vaya a la contra de esto y asocie el sonido
gótico a un mensaje positivo como ocurriese en su día
con Stryper y el heavy metal?
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Aquí sí que me tomas por sorpresa… ¿Qué
tiene de positivo el mensaje de Stryper? El Dios
cristiano es sin duda la mayor fuente de odio, represión
y estupidez que ha brindado la Civilización Occidental;
no creo que haya nada de positivo en la religión, y
mucho menos en el monoteísmo criminal del Cristianismo,
con dos milenios de castración y barbarie sanguinaria a
cuestas. El mensaje de cualquier religión monoteísta es
la discriminación al diferente, la alienación
espiritual, el fanatismo asesino, la superstición
paralizadora, la negación del sexo, de la libertad y de
la vida… Es una bendición que el gótico no esté asociado
a tales mensajes. En todo caso, no se trata de que los
góticos nieguen o desconozcan el optimismo y la alegría
de vivir; sencillamente no forman parte de su ideario
estético.
-Has terminado una novela y un libro de
cuentos. ¿Podrías hablarnos sobre ellos? ¿Hay algún nexo
entre esas obras y la música? (me refiero a si son obras
dedicadas a la fantasía épica o algo por el estilo)
Los cuentos los he
ido escribiendo durante años desde mi adolescencia, se
me han ido acumulando y finalmente he llegado a la
conclusión de que va siendo hora de publicarlos. Son de
muchas épocas y por eso resultan variadísimos en materia
de temas y estilo. Puede que incluyan algún ingrediente
épico o fantástico, pero no siguen una línea
determinada. Primero seguramente saldrá la novela, que
se llama “El Infierno Y Los Celacantos”. Tiene elementos
de terror, erotismo y ciencia ficción, y cuando la
escribí no me imaginaba realmente que pudiera
encuadrarse dentro de la llamada “novela gótica”, pero
parece que algo de eso hay.
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- Bien, creo que un experto como tú
podría terminar recomendando diez discos que por una
razón u otra hayan cambiado su vida.
Seguro. Te tiro los diez que vienen ahora
a la cabeza: “Machine Head” de Deep Purple”, Led
Zeppelin “II”, “Tales From Topographic Oceans” de Yes,
“The Number Of The Beast” de Iron Maiden, “Keeper Of The
Seven Keys, part II” de Helloween, “Back In Black” de
AC/DC, “Heaven And Hell” de Black Sabbath, Queen “II”,
“Rocks” de Aerosmith y “Killing Is My Business...” de
Megadeth.
Pero tengo cientos en la lista de los
indispensables y uno tiende a variar este o aquel nombre
entre sus favoritos según la temporada y el estado de
ánimo, ya sabes. Eso es lo grande del rock, hay tanto de
dónde elegir…
-Si quieres añadir más, este es un buen
momento. Gracias por tu tiempo y mucha suerte con todo.
Nada, sólo agradecer el interés por el
reportaje y el nivel de las preguntas. Que los sueños
crezcan y la energía no decaiga… ¡Larga vida al Rock And
Roll!
Miguel. Asturias
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