Cesar Fuentes es un tipo que ha pasado muy de largo los cuarenta años pero sigue con la misma ilusión que cuando empezó en su Argentina natal siendo un quinceañero en esto de la música. Sin embargo, él no eligió estar sobre un escenario "bañado por sudor y luz" con la guitarra en las manos. En lugar de eso utilizó papel y bolígrafo, y con ellos supo trasmitir sus sentimientos en unas primeras colaboraciones que el tiempo, la constancia y la voluntad convirtió en revistas. Cesar ha tenido la amabilidad de responder a nuestras preguntas y contarnos como trabajó para conseguir que su nombre forme parte del mundillo del periodismo musical. Si Joan Singla, Chris Welch, Mariskal Romero o Mick Wall os dicen algo, podéis añadir junto a ellos a Cesar Fuentes.

 

 

UNA ENTREVISTA DE MIGUEL.ASTURIAS

Comenzaste tu carrera como periodista musical en Riff Raff. ¿Cuánto tiempo hace  ya de eso?

A principios de los muy lejanos ochentas.   Previamente había hecho algunas columnitas de música en un fanzine de la Facultad, pero Riff Raff fue el primer lugar en donde publiqué asiduamente.-

Creo que podemos entonces hablar de una especie de pionero. ¿No es así? ¿Qué otras publicaciones recuerdas de tu país que resultasen de interés para un amante del hard rock en los ochenta?

En realidad la única publicación que había entonces era la revista Metal, pero se limitaba a copiar las revistas extranjeras y a seguir la moda. De algún modo Riff Raff se convirtió en una suerte de respuesta a esa actitud, con periodistas más responsables y una visión diferente que le daba cabida a todo lo revolucionario que estaba surgiendo entonces, incluido el thrash y el power metal.

- De aquellas entrevistas o reportajes que te vieron empezar ¿Cuáles de ellos (y porqué) recuerdas con especial cariño?

Básicamente mi principal estímulo para estar en los medios siempre fue el conocer a los artistas que me habían deslumbrado desde adolescente. Me viene ahora a la cabeza la primera entrevista que hice con Ian Gillan. Me acuerdo que nos metimos en el hotel y no teníamos nada asignado. Con toda ingenuidad lo abordamos y le preguntamos si nos daría una nota. Nos dijo que estaba saliendo para una entrevista en televisión pero que lo esperásemos, porque a la vuelta nos la daría. El hombre cumplió su palabra, y hasta nos invitó a cenar. En ese momento hubiera llorado de felicidad, pero preferí hacerme el profesional y no dejar que se me notara. Realmente son decenas de notas las que podría recordar y en cada una habría una anécdota entrañable para citar; si todo lo demás no hubiese servido de nada, esto sería suficiente para justificar todo

 

- Y ¿qué nos puedes decir de los fanzines? ¿Había algún movimiento en ese sentido en la escena hard rock de tu país, o la pasividad y comodidad era la actitud dominante, como ocurría aquí?

Había algún fanzine, pero estaban más interesados en la política o en dividir la escena que en hablar sobre música.

- Llega 1989 y das el gran paso. ¿Qué te llevó a dar vida a Madhouse?  ¿Había una escena tan buena en tu país como para hacer algo así?

En Argentina siempre hubo un interés por el metal, con épocas malas y buenas, pero llevar adelante proyectos nunca fue fácil. Luego de Riff Raff estuve un tiempo involucrado en tiendas de discos. Por la experiencia reciente ya entonces sabía que montar una revista era una empresa bastante ingrata, porque incluso como redactor tuve mis terribles dolores de cabeza y estaba al tanto de que montar una cosa así no era broma. Pero en el ‘88 viajé a Castle Donnington, en Inglaterra, y vi el show de mi vida… Megadeth, Helloween con Kiske, Guns N Roses antes de convertirse en fenómeno mundial, y sobre todo Iron Maiden en aquel super-escenario con el mundo helado de “Seventh Son Of A Seventh Son”. Cuando volví me puse a escribir la crónica para enviársela a los amigos de la revista Rock Brigade en Brasil, la terminé y me sentí muy orgulloso del resultado; aunque entonces tomé conciencia de que en la Argentina no había una revista decente como para publicar una cosa así. Así que convoqué a la gente que conocía de la Riff Raff, con la que siempre hablábamos de hacer algo, y tomé la decisión por pura calentura. El comienzo fue un desastre. Nos agarró la hiperinflación de 1989 y el dinero de los primeros tres números se perdió por completo, incluso después yo seguí soportando las pérdidas durante mucho tiempo.

- ¿Qué gustos dominaban en la redacción de aquella revista?  ¿Fue una publicación cambiante según las tendencias al uso o llevó una línea más o menos similar durante toda su existencia?

Desde mi punto de vista, tengo que hablar de tres etapas. La primera fue hasta el número 75, en el que me despedí de los lectores. En la segunda me desentendí del contenido, y la última fue en el 2001, cuando retomé la dirección editorial. Madhouse empezó como una revista de amigos, donde todos los que participaban tenían voz y voto por igual. No había intención de encasillarse en un estilo. La idea era cubrir todo el espectro de la música pesada, y eso incluía algo de punk y de progresivo, lo mismo que las nuevas tendencias que fueran surgiendo, aunque teniendo siempre al Metal como base.

- La diferencia fundamental entre Madhouse y las publicaciones argentinas anteriores era que tu revista estaba formada por artículos y entrevistas propias, al contrario de las otras que mayoritariamente reproducían trabajos de otras publicaciones extranjeras. ¿Qué necesitaste para poder desarrollar ese trabajo? ¿Como conseguiste los contactos necesarios?

La verdad es que yo no veía motivos para seguir copiando artículos de revistas extranjeras cuando se podían hacer en casa y con un nivel que no tenía nada que envidiar. En ese sentido, como periodista, siempre me tuve una confianza enorme. Al principio algunos me decían que estaba loco pero luego, de a poco, se dieron cuenta de que ése era el único

 
 

camino posible, entrevistar a las bandas directamente y unir los testimonios a las conclusiones. Hoy quizás parece una tontería, pero en aquel momento nadie se animaba a hacerlo. Empezamos de una manera desprolija, sacando direcciones y contactos de managers de las revistas inglesas y norteamericanas y poniéndonos en contacto con corresponsales extranjeros que no eran más que fans improvisados. Gastamos un montón de plata en correo y llamadas internacionales y nos llevaba un tiempo enorme desgrabar las entrevistas mientras los demás seguían

copiando sin esfuerzo, pero al final creo que valió la pena en el sentido de que fuimos una buena influencia, todo fanzine o revista que se hizo después tuvo que intentar ponerse a nuestra altura para continuar funcionando.

- He podido ver algunos artículos de aquella publicación y me parecieron extraordinarios ¿Has pensado en recuperarlos alguna vez aprovechando una herramienta como internet?

Sí, aunque hasta ahora no se dio. Espero que con la página web de Requiem (www.requiemweb.com.ar) podamos poner a disposición de la gente muchos de aquellos artículos a la brevedad. Creo que lo revolucionario de Madhouse fue la actitud crítica. Al menos mientras estuve yo al frente de la redacción, nunca fue una publicación complaciente. La mayoría de fanzines que tan

prontos estaban a atacar al “establishment” les sobaban el lomo a las bandas nacionales por ser nacionales y las bandas under por ser del under con una hipocresía vergonzosa; nunca se jugaban a dar su verdadera opinión, todo les parecía buenísimo, no se animaban a hacer la menor objeción y vivían en una demagogia permanente. En Madhouse lo que importaba era la música, nuestro respeto era antes que nada para los lectores. También había un método crítico, un método de análisis del material que yo me molesté en describir en los sucesivos editoriales. En cierto modo, estaba basado en las nociones de crítica literaria que yo había estudiado. Supongo que esos editoriales habrá que ponerlos en internet en algún momento, de vez en cuando me preguntan por ellos.

- Algún tiempo después, Madhouse sufre ciertas transformaciones que te llevan a abandonar el asunto. ¿Te importaría hablar sobre eso? Los cambios editoriales en una revista ¿son fruto de los gustos de los redactores, de la moda o simplemente de alguien “de arriba” que llega y dice sobre qué o quién se debe escribir?

Como te dije, en Madhouse se les daba toda la libertad de opinión a los redactores sobre lo que debía aparecer en sus páginas. Pero los tiempos fueron cambiando, en la revista surgieron muchas caras nuevas, y en algún punto me

encontré con que el material que a mí más me gustaba estaba siendo relegado y que yo no me identificaba con nadie de ahí adentro. Un día traje una nota de Savatage, y en cuanto dije que quería dos páginas me armaron un escándalo terrible. Fue la gota que desbordó el vaso. Entonces tenía dos opciones: echar a todo el mundo y cambiar de raíz la orientación de la revista, o dejar que continuara y dedicarme yo a otro proyecto. Preferí esta segunda opción. Al fin y al cabo, había costado muchísimo hacer conocer la revista en el mercado, y era una pena que se acabara. Quizás fue una decisión errada. Quise enmendarla retomando la revista en el 2001, pero como ocurre a menudo en la Argentina, el país traiciona a los que invierten en él, y el famoso Corralito acabó con todos los sueños.

- Es entonces cuando nace Epopeya ¿no es así? ¿En que año ocurrió eso?

Me distancié de Madhouse en el ’97. La idea era dejar de lado lo que me gustaba para concentrarme en lo que más me gustaba.

- ¿Qué diferencias básicas había entre ambas revistas desde el punto de vista de quien las publica?

Bastantes. Además de concentrarnos en los estilos más representativos del Metal, hice pasar todas las decisiones por mí en lugar del

lío en que terminó convirtiéndose Madhouse. Lo bueno de Epopeya fue que el sello Nems

se comprometió a soportar el grueso de los gastos de la publicación de la revista si a cambio se le aseguraba una cantidad mínima de publicidades por edición, de esa manera Epopeya se convirtió en una revista todavía

más íntegra que Madhouse, porque prácticamente no teníamos que preocuparnos por la cuestión económica. Cuando acordamos hacer la revista, el trato fue que Nems aportaba medios y la editorial se encargaba del contenido sin admitir ningún tipo de intromisión, y así fue desde el primer número al último. Hacerlo así nos permitió sacar una revista de una calidad gráfica muy difícil de igualar, y la libertad de poner en la portada a quien se nos ocurriesesin tener que vivir pendientes de las ventas. Por supuesto, no faltó quien nos acusara de favoritismos con el

sello, pero eso es sólo porque hablar es gratis y si en Argentina hay algo que siempre sobró son las malas lenguas.

- La mayor parte de las portadas de Epopeya estuvieron ilustradas con fotografías de bandas clásicas a más no poder… Dio, Y.Malmsteen, Iron Maiden,… el sueño de cualquier amante del metal en los 80… ¿Fue una buena decisión volver a ir a contracorriente o pudo la revista beneficiarse del breve revival que hubo en aquella época?

¡La idea era ir a contracorriente! Al final sucedió que el Metal clásico, melódico, o progresivo no estaba tan olvidado como muchos creían…

 

 -No puedo resistirme a preguntarte ¿Hubo en algún momento de tu carrera periodística, algún músico especialmente duro de tratar en una entrevista? ¿Y cual recuerdas como más amable y atento con el periodista?
Si te tengo que ser sincero, mi entrevista más difícil fue para la televisión con Jimmy Page y Robert Plant. Plant no sólo era mi héroe de la adolescencia y yo sentía todo el peso de la emoción y el compromiso, sino que además estaba de un humor turbio porque en aquel momento todo el mundo insistía en preguntarles sobre Led Zeppelin y no sobre el proyecto Page/Plant. Así que me puse en la cabeza sacar adelante el reportaje a como diera lugar e hice preguntas de lo más específicas sobre todo lo que no fuera Zeppelin. Pregunté por los discos solistas más raros, oscuros y desatendidos por los fans, hablé de influencias desconocidas que habían citado

en tal o cual reportaje, inquirí acerca de anécdotas casi olvidadas… Al final, quedó un reportaje formidable y hasta Plant me regaló un par de confidencias imposibles.

- En fin, las revistas siguen siendo uno de los pilares en tu carrera ya que a día de hoy continuas en la brecha editando Réquiem. Háblanos sobre ella por favor. ¿Tiene el mismo planteamiento que lo que has venido haciendo hasta ahora a nivel de lo estrictamente musical?

Requiem es una revista que la gente de Epopeya se empeñó en montar luego de que ésta desapareciera. Yo estaba en España mientras Roxana Palacio, Javier Izurieta, Claudio Guarido, Gabriel Herz y los demás la pusieron en funcionamiento, y era muy poco lo que yo podía ayudarlos desde allá. El gran mérito es de ellos. Cuando volví a Buenos

Aires este año me dijeron si no quería hacerme cargo. Y aquí estoy, encantado. De algún modo es una revista muy nueva, con menos recursos, llevando adelante el legado anterior tan dignamente como pudiera esperarse.

- ¿Qué diferencias encuentras con los viejos tiempos visto desde el sillón de un redactor y editor? ¿es más fácil o más difícl?

Internet hace que todo sea más fácil y difícil. En otros tiempos yo me mataba buscando contactos e información, revisando las fuentes y llenando lagunas. Hasta los discos eran difíciles de encontrar. Ahora todo está en la punta de los dedos. Uno aprieta un botón y sale en pantalla la ficha, el curriculum y la discografía de cualquier banda, por oscura o pequeña que sea. También, ahora mismo, internet es el principal competidor. Muchas veces la información queda atrasada en el momento mismo en que la revista se está imprimiendo. Con todo, la prensa gráfica sigue siendo una experiencia única. Tengo la convicción de que el que compra revistas siempre adquiere una visión más completa de la temperatura de la escena que el que picotea en internet.

- ¿No crees que muchos artistas se han vuelto más accesibles a la gente que quiera charlar con ellos o entrevistarles con el paso de los años? ¿A que crees que se debe?

Se debe ante todo a que el número de bandas se ha centuplicado y no es fácil figurar, de modo que hasta las bandas grandes necesitan de toda la prensa que puedan hacer. Necesitan de algún modo la atención de la prensa. Pero una de las cosas que me quedan claras es que la fama es puro cuento. Al menos en lo que a rock del bueno y metal se refiere, las mayoría de las grandes estrellas son tremendamente accesibles, gente común que no tiene delirios de grandeza ni pone barreras con la gente. Entre los tipos más llevaderos y con buena onda que conocí en reportajes y similares, anotá a Ronnie Dio, Brian Johnson, Glenn Hughes, Ian Anderson, Rick Wakeman, André Matos, Steve Harris, Michael Weikath, Peavey Wagner, Joey Ramone, Hansi Kursch, Roger Glover, Blaze Bayley… y esto es sólo el encabezado; la lista es interminable.

 

-Bien y ¿Qué me dices de la radio?  ¿Cuándo empezaste a ser parte de las ondas y en que programas?

Había hecho algunas cositas en radios zonales en un tiempo en que no había nada, pero entonces surgió en Rock & Pop, la única radio de rock de aquel momento, un espacio nocturno llamado La Heavy, con el Ruso Verea y Alejandro Nagy. Un día caí por ahí con algunas novedades e información, la onda era tan buena que continué apareciendo hasta que llegué a formar parte del equipo. Fueron tiempos deliciosos. El Ruso era un conductor fenomenal, Nagy un acólito de lujo y el resto de los chicos hacía maravillas. Justo coincidió con la ola de visitas de bandas internacionales que venían por primera vez al país. Cada noche era una fiesta, y hay anécdotas como para tirar para arriba. Para colmo, era un programa que escuchaba todo el mundo, una especie de cita obligatoria, los teléfonos ardían y la gente se quedaba despierta para participar. Pasábamos la música que no pasaba nadie, tocábamos temas políticos, sociales o humanos que ponían los pelos de punta, y había tanta libertad que yo hasta tuve mi propia columna de historia y mitología por la que me siguen preguntando hasta hoy. Luego vinieron programas .

que conduje en otras radios, como Ave César, que tuvo varios ciclos y hasta premios por la artística. Y también televisión con el Power 30. Es increíble la cantidad de cosas que se pueden hacer, aunque lamentablemente las apuestas económicas siempre son para aquello que no requiere imaginación o para músicas descartables

 

-  ¿Qué diferencias ves entre cómo se vivía la radio antes y como se vive ahora con las nuevas tecnologías? (me refiero obviamente al tema internet y demás…)

No hay punto de comparación. El nivel de participación nunca será el mismo, y tampoco la sensación de inmediatez que tiene la radio de aire. Lo positivo de la radio por internet es que uno no depende de terceros para montársela, pero creo yo que la experiencia resulta completamente distinta y es mucho lo que se pierde en el cambio.

- ¿Crees que el peso y la influencia que tenían los locutores de radio en décadas pasadas como fueron El Pirata o Mariskal Romero en España, es el mismo que pueden tener ahora?

No, claro está que no, por la razón que mencionaba arriba. Pero pienso que la radio por internet le da a estos próceres la confirmación de la fama bien ganada, porque siguen haciendo radio con la misma garra y talento, que hoy por hoy es lo que más se extraña en cualquier tipo de radio. Yo estuve grabando un programa para la radio del Mariskal durante meses desde Barcelona y la verdad que fue un gustazo estar dentro de esa programación.

- No contento con esto también has publicado dos libros dedicados a la música. El primero de ellos es ni más ni menos que la biografía de Iron Maiden. Por favor,  me gustaría hablar un poco sobre ese trabajo, lo primero que se me ocurre…¿por qué Iron Maiden?

Sencillamente porque es una de mis bandas favoritas y tenía todo como para hacerlo. Maiden es una de las bandas emblemáticas del Metal y una de las varias razones por las que uno está en esto. Digamos que para mí, como elección, era obvia.

- ¿Cómo has centrado el contenido del libro? ¿Es una biografía pura y dura o más bien un análisis sobre lo que ha dado de sí la carrera de ese grupo?

Es ambas cosas, realmente. Por un lado se trata de una biografía año por año, pero en clave de análisis con respecto a lo que significó la trayectoria del grupo, su relación con el entorno metalero y la realidad de la escena rockera en general. Tiene declaraciones exclusivas de los músicos, datos desconocidos y ante todo la visión crítica e interesada de alguien que siguió la banda durante años. Es una biografía no oficial, y eso quiere decir que es una visión no atada a ningún formalismo ni condicionamiento. De algunas biografías se ha dicho que son demasiado frías o distantes; no creo que nadie pueda decir lo mismo de “El Viaje De La Doncella”.

 

- El libro había sido publicado en Argentina por Editora AC y luego en España por Quarentena ¿no es así? ¿Fue durante los años que viviste en España que decidiste publicarlo en nuestro país?

En realidad lo que se publicó por Editora AC era una especie de embrión que llevaba el título de “Los Años De La Bestia”, y que contaba la historia hasta antes

de la partida de Dickinson. Para confeccionar “El Viaje De La Doncella”, tomé algunas partes de aquél y las reescribí, amplié y completé. El resultado es un libro totalmente distinto, de ahí que el nombre no sea el mismo. Cierto que la ocasión se dio con mi estadía en España. Pere de Quarentena me comentó que estaba buscando material para editar y entonces le sugerí “El Viaje De La Doncella”.
 

- Recientemente ha salido tu nuevo libro “Mundo Gótico”, ¿que motivo lleva a un amante del rock duro a sumergirse tan profundamente en ese mundo?.¿No crees que el gótico ha estado históricamente más vinculado al pop-rock undergound? (me refiero a algunas bandas de la new wave, y grupos “siniestros” que, al menos en los 80 estaban en las antípodas del rock duro)

El motivo por el cual escribí “Mundo Gótico” tiene muy poco que ver con la música. De hecho, al principio yo iba a ocuparme sólo de los otros aspectos, cine, literatura, BDSM y los aspectos del Gótico como subcultura, y la parte musical la iba a tomar Exequiel Núñez, un amigo y especialista que colaboró conmigo. Yo no quería encargarme de la parte musical porque es donde más lagunas y discrepancias tengo en materia de gustos. Digamos que lo gótico en materia musical no me interesa gran cosa. Al final ese capítulo terminamos escribiéndolo entre los dos, pero mi fascinación con lo gótico venía por los otros temas.

- En cualquier caso, sí parece cierto que, como tú cuentas en el libro, entre principios y mediados de los noventa aparecen las primeras y tímidas mezclas de metal y rock gótico. Paradise Lost, My Dying Bride, y me atrevería a incluir a Teathre of Tragedy o Moonspell entre muchos otros. ¿En que momento estas bandas desconocidas y  underground dejan paso a grupos multi-ventas como los que ahora copan el mercado como Him o Evanescence? ¿Cuando, y sobre todo porqué cree Cesar Fuentes que ocurre toda esta transformación?

Yo creo que el Metal fue bastante ajeno a la esfera gótica hasta que ciertos grupos como Paradise Lost empezaron a colar elementos en su música. De hecho, los supuestos “góticos viejos” que andan por ahí tienden a rechazar la idea de que el llamado Metal Gótico tenga que ver con el rock gótico original. Y ciertamente tienen poco que ver. Pero lo que sí es innegable es que la irrupción del Metal en la escena gótica es lo que la ha salvado de la extinción segura y la ha convertido en un relativo éxito entre los más jóvenes.

- ¿Es el metal gótico una moda efímera o tiene un brillante futuro por delante? En cualquier caso ¿Pasa ese futuro por una transformación o las bandas deben continuar la línea que llevan para poder seguir adelante?

Lo gótico es ante todo una postura estética, y quizás más flexible que cualquiera de las que hayamos visto hasta ahora en el rock. Prácticamente cualquier estilo se vuelve permeable a la influencia gótica. Mi corazonada es que el Metal Gótico sobrevivirá con más eficacia mientras se mantenga como sub-estilo del Metal. Y eso es porque el Metal cuenta con el público más leal del espectro, una audiencia capaz de mantener la llama viva sin resentir de manera crucial los cambios. Es decir, creo que el mérito de la supervivencia le corresponderá a lo que de metalero tenga el Metal Gótico de ahora en más.

- Suele asociarse el gótico al dolor y a la oscuridad.  ¿Hay alguna tendencia dentro de ese estilo que vaya a la contra de esto y asocie el sonido gótico a un mensaje positivo como ocurriese en su día con Stryper y el heavy metal?

 

Aquí sí que me tomas por sorpresa… ¿Qué tiene de positivo el mensaje de Stryper? El Dios cristiano es sin duda la mayor fuente de odio, represión y estupidez que ha brindado la Civilización Occidental; no creo que haya nada de positivo en la religión, y mucho menos en el monoteísmo criminal del Cristianismo, con dos milenios de castración y barbarie sanguinaria a cuestas. El mensaje de cualquier religión monoteísta es la discriminación al diferente, la alienación espiritual, el fanatismo asesino, la superstición paralizadora, la negación del sexo, de la libertad y de la vida… Es una bendición que el gótico no esté asociado a tales mensajes. En todo caso, no se trata de que los góticos nieguen o desconozcan el optimismo y la alegría de vivir; sencillamente no forman parte de su ideario estético.

-Has terminado una novela y un libro de cuentos. ¿Podrías hablarnos sobre ellos? ¿Hay algún nexo entre esas obras y la música? (me refiero a si son obras dedicadas a la fantasía épica o algo por el estilo)

Los cuentos los he ido escribiendo durante años desde mi adolescencia, se me han ido acumulando y finalmente he llegado a la conclusión de que va siendo hora de publicarlos. Son de muchas épocas y por eso resultan variadísimos en materia de temas y estilo. Puede que incluyan algún ingrediente épico o fantástico, pero no siguen una línea determinada. Primero seguramente saldrá la novela, que se llama “El Infierno Y Los Celacantos”. Tiene elementos de terror, erotismo y ciencia ficción, y cuando la escribí no me imaginaba realmente que pudiera encuadrarse dentro de la llamada “novela gótica”, pero parece que algo de eso hay.

- Bien, creo que un experto como tú podría terminar recomendando diez discos que por una razón u otra hayan cambiado su vida.

Seguro. Te tiro los diez que vienen ahora a la cabeza: “Machine Head” de Deep Purple”, Led Zeppelin “II”, “Tales From Topographic Oceans” de Yes, “The Number Of The Beast” de Iron Maiden, “Keeper Of The Seven Keys, part II” de Helloween, “Back In Black” de AC/DC, “Heaven And Hell” de Black Sabbath, Queen “II”, “Rocks” de Aerosmith y “Killing Is My Business...” de Megadeth. Pero tengo cientos en la lista de los indispensables y uno tiende a variar este o aquel nombre entre sus favoritos según la temporada y el estado de ánimo, ya sabes. Eso es lo grande del rock, hay tanto de dónde elegir…

-Si quieres añadir más, este es un buen momento. Gracias por tu tiempo y mucha suerte con todo.

Nada, sólo agradecer el interés por el reportaje y el nivel de las preguntas. Que los sueños crezcan y la energía no decaiga… ¡Larga vida al Rock And Roll!

Miguel. Asturias